Después de saber lo que es
acariciarte la espalda
mientras se te eriza el bello,
después de conocer la arruga
de tus mejillas al sonreír,
después de cogerte con ternura la
mano derecha
mientras te veo escribir con la
izquierda,
después de conocer tus maneras
y tus suspiros
y la forma traicionera de arrastrar
tus pies
y los huesos de tu espalda
o los de tu cuerpo, ¿qué más da?
Pero después de todo sé que no es
nada.
Porque nunca serás todo lo que puedo
escribir
y nunca seré nada de lo que tú
puedas querer.
Soy tan mía y tú tan tuyo
que no podemos juntar
el norte de mi pie derecho
con el sur de tu espalda.
Porque como estar juntos
si no sé como se eriza tu espalda,
ni puedo cogerte la mano derecha al
escribir.
Conozco tus arrugas y tus maneras,
pero eso,
se lo puedes regalar a cualquiera.
domingo, 28 de junio de 2015
Mía.
Puedo,
y quiero, decirte que mi encanto no te pertenece.
Que
soy mía cuando digo lo que pienso, lo que siento, o lo que quiero.
Que
soy mía cuando callo porque quiero, porque lo pienso o lo siento.
Mía
cuando soy valiente y hablo,
cuando
soy valiente y callo.
Mía
cuando soy cobarte y asiento cuando no debería,
cuando
hago caso a palabras vanas y vacías.
Mía
cuando soy entera y asumo todos mis errores.
Mía
cuando me rompo y me lloro,
cuando
me quiebro y me abandono.
Mía
cuando me quiero y me acepto,
cuando
tomo mis propias decisiones
cuando
asumo mi vida.
Mía
cuando decido llorarte,
cuando
decido sufrirte.
Mía
cuando decido quererte,
cuando
decido abandonarte
y
cuando decido quedarme.
Mía
cuando soy mía. Mía siempre.
Porque
cómo voy a ser de alguien más si
el
amor verdadero es el amor propio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)