Después de saber lo que es
acariciarte la espalda
mientras se te eriza el bello,
después de conocer la arruga
de tus mejillas al sonreír,
después de cogerte con ternura la
mano derecha
mientras te veo escribir con la
izquierda,
después de conocer tus maneras
y tus suspiros
y la forma traicionera de arrastrar
tus pies
y los huesos de tu espalda
o los de tu cuerpo, ¿qué más da?
Pero después de todo sé que no es
nada.
Porque nunca serás todo lo que puedo
escribir
y nunca seré nada de lo que tú
puedas querer.
Soy tan mía y tú tan tuyo
que no podemos juntar
el norte de mi pie derecho
con el sur de tu espalda.
Porque como estar juntos
si no sé como se eriza tu espalda,
ni puedo cogerte la mano derecha al
escribir.
Conozco tus arrugas y tus maneras,
pero eso,
se lo puedes regalar a cualquiera.
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