jueves, 29 de diciembre de 2016
sábado, 17 de diciembre de 2016
De cando pecha unha fiestra e abre unha porta
Vou eu e confundo o solpor co amencer cando se achegan os nosos beizos, e asubían os ventos dentro das miñas orellas cando quitas a roupa con présa. Pronto cambias de decisión e fuxes, case como cando facías unha falcatrúa e ías logo a agocharte dos teus pais dentro dun roupeiro. A quen lle imos mentir, que isto non é sátira nin burla, é que ti nunca fuches de moita maña para estas cousas, máis para atopar profundidade no meu corpo, que dicir ten que menos na miña alma.
E aínda así aínda me esforcei eu por acabar sendo a pequena aduanada que racha cos teus esquemas, ilusa eu, lendo entre as túas liñas que ías ser a fiestra aberta de cando pechan as portas. Coitada de min, quen me dera que foses aínda fenda nunha parede noxenta que transpirase o nauseabundo fedor das túas entrañas e patrañas.
E ben que pasou o fedor, calou no meu fondo e acabou enchoupandome por dentro. Acabei sendo eu a malpocada ferida que intentaba cambiar, mudar o meu interior por complacerte e abarcar os teus gustos, desfacerme en sorrisos que no futuro serían bágoas.
E aquí estou, miñaxoia, diferenciando as cores do solpor mentres ansío as do amencer, desfacéndome entre aloumiños de cariño con testas aloucadas. Que non eras fiestra nin porta, eras fechadura, e o agocho das chaves xa non sei nin onde andaba. Que abre outra porta e, esta vez, é tan amplia que quepo cos meus males e cos meus gustos.
domingo, 9 de octubre de 2016
Paciencia.
Después de no querer bañarme dos veces en las mismas aguas
me acerco a tu orilla en calma,
con arena entre mis manos,
a ver si empieza a rabiar.
Dos gritos y una mirada te llevan a pensar que,
igual es mi locura o mis ganas de acelerar,
pero también a ti te apetece volver atrás.
Subes con la marea y me preguntas cómo y porqué
mientras el agua me empieza a cercar.
Después de dos minutos muda,
abro la boca y empiezo a hablar.
Porque de qué me vale callar
si ya me has visto temblar
cuando el roce de tus dedos sustituía al agua del mar.
Con el agua por las caderas y la piel erizada
aún no siento el frío.
Paciente, aguardo a que me invites a sumergirme en ti.
Indeciso por si me ahogo,
por si luego acaparo demasiado mar,
evitas hablar.
Apresúrate.
Puede que antes de que te pronuncies decida devolver
aquella arena robada a su orilla
y me marche para no volver.
me acerco a tu orilla en calma,
con arena entre mis manos,
a ver si empieza a rabiar.
Dos gritos y una mirada te llevan a pensar que,
igual es mi locura o mis ganas de acelerar,
pero también a ti te apetece volver atrás.
Subes con la marea y me preguntas cómo y porqué
mientras el agua me empieza a cercar.
Después de dos minutos muda,
abro la boca y empiezo a hablar.
Porque de qué me vale callar
si ya me has visto temblar
cuando el roce de tus dedos sustituía al agua del mar.
Con el agua por las caderas y la piel erizada
aún no siento el frío.
Paciente, aguardo a que me invites a sumergirme en ti.
Indeciso por si me ahogo,
por si luego acaparo demasiado mar,
evitas hablar.
Apresúrate.
Puede que antes de que te pronuncies decida devolver
aquella arena robada a su orilla
y me marche para no volver.
martes, 30 de agosto de 2016
Sueño, mundo.
Sueño, mundo, que te asomas,
viejo y desdichado,
por el resquicio de luz que dejan entrever estos ladrillos.
Y te preguntas en qué momento
tu desdicha se ha convertido en la burla
de estos críos repelentes.
Me dejo ver yo,
tímida y translúcida,
por el roce de tus yemas.
Erizados ya todos los cabellos de mi cuerpo,
te miro fijamente.
Vuelcas tu pena en mí,
inconmensurable.
Tus manos rozan las cumbres de mi poder,
explorando todos mis recovecos.
Me dejo querer, entre tu pena,
que sensación tan diferente:
conocida en otras palmas
me veo renacer en tus pupilas.
Ahí estás,
sombrío cuando la luz ilumina tu rostro,
surcado por frunces y arrugas,
avanzas hacia la paz que irradio en tu compañía.
viejo y desdichado,
por el resquicio de luz que dejan entrever estos ladrillos.
Y te preguntas en qué momento
tu desdicha se ha convertido en la burla
de estos críos repelentes.
Me dejo ver yo,
tímida y translúcida,
por el roce de tus yemas.
Erizados ya todos los cabellos de mi cuerpo,
te miro fijamente.
Vuelcas tu pena en mí,
inconmensurable.
Tus manos rozan las cumbres de mi poder,
explorando todos mis recovecos.
Me dejo querer, entre tu pena,
que sensación tan diferente:
conocida en otras palmas
me veo renacer en tus pupilas.
Ahí estás,
sombrío cuando la luz ilumina tu rostro,
surcado por frunces y arrugas,
avanzas hacia la paz que irradio en tu compañía.
Inicio
Entre la magia de dos faros
se balancea tu sombra,
queriendo sobrepasar los océanos
que inundan mi interior.
Mis mejillas te dan la bienvenida,
rebosantes de alegría,
mientras tus pestañas
clausuran el espectáculo de unas pupilas
dilatadas que se ahogan en mi.
Y así, sin ver nada,
me sientes temblar.
Sientes la calidez de unas yemas
que te marcan,
que se clavan,
el ritmo de mi pecho,
subiendo y bajando,
sin pausa.
Sientes mis labios entreabiertos suspirar.
Se baten tus pestañas.
El espectáculo acaba de empezar.
se balancea tu sombra,
queriendo sobrepasar los océanos
que inundan mi interior.
Mis mejillas te dan la bienvenida,
rebosantes de alegría,
mientras tus pestañas
clausuran el espectáculo de unas pupilas
dilatadas que se ahogan en mi.
Y así, sin ver nada,
me sientes temblar.
Sientes la calidez de unas yemas
que te marcan,
que se clavan,
el ritmo de mi pecho,
subiendo y bajando,
sin pausa.
Sientes mis labios entreabiertos suspirar.
Se baten tus pestañas.
El espectáculo acaba de empezar.
lunes, 29 de agosto de 2016
Candados.
Expulsada del Edén tras morder tus mejillas
me alejo de tu paraíso interior,
pudiendo intuírte ahora en campos de metal,
en sonidos inhumanos,
en cuerpos autómatas que se esfuerzan
por llegar a ser como tú.
Déjame verte resplandecer,
refulgir al borde del abismo,
inclinándonos ambos
sobre la incertidumbre de un fondo
con más oleaje, más viajes, más mundos.
En medio de todo,
tú otra vez,
distante.
Sueño,
con la extraña sensación de que de ti todo viene,
que puedo estar contigo.
Que aún hay magia
en los pensamientos que te guardas
amor,
y si desplegas tus alas,
aún puedes deleitarte con el gozo
de planear sobre el mar
y huir del pánico de unas cadenas
que te impiden volar.
me alejo de tu paraíso interior,
pudiendo intuírte ahora en campos de metal,
en sonidos inhumanos,
en cuerpos autómatas que se esfuerzan
por llegar a ser como tú.
Déjame verte resplandecer,
refulgir al borde del abismo,
inclinándonos ambos
sobre la incertidumbre de un fondo
con más oleaje, más viajes, más mundos.
En medio de todo,
tú otra vez,
distante.
Sueño,
con la extraña sensación de que de ti todo viene,
que puedo estar contigo.
Que aún hay magia
en los pensamientos que te guardas
amor,
y si desplegas tus alas,
aún puedes deleitarte con el gozo
de planear sobre el mar
y huir del pánico de unas cadenas
que te impiden volar.
Candados ⚠ pic.twitter.com/LS3Nc8RA51— Pazzz ♀ (@Soniaapaz98) 29 agosto 2016
domingo, 31 de enero de 2016
Un muro de contención en el corazón.
Estoy buscando sustituto a la razón
que hemos perdido durante este tiempo.
Y un olvido sincero y casual
que me devuelva la inocencia perdida.
Un poco menos de pudor que me ayude a mi
y al miedo a desprenderme de ti.
Porque volvemos a girar los rostros al vernos,
pero esta vez lo hacemos buscando la despedida.
Qué pena abandonarnos al abismo
cuando ya me has cedido un mapa de tu alma.
Que ya sé lo que hay detrás
y como llegar sin prisa y con calma.
Permanezco agazapada
tras este colchón que nos sirve de muro,
a ti para contenerte
y a mi para marcharme
sin decir adiós.
Al final, qué más da lo que nos pida el corazón,
si yo sólo estoy perdida
y tú sólo haces caso a la razón.
Dame un tiempo.
Concédeme unos cuantos días.
Estoy detrás de otro horizonte
persiguiendo la sombra de mi cuerpo
en lo que ha sido nuestra despedida.
que hemos perdido durante este tiempo.
Y un olvido sincero y casual
que me devuelva la inocencia perdida.
Un poco menos de pudor que me ayude a mi
y al miedo a desprenderme de ti.
Porque volvemos a girar los rostros al vernos,
pero esta vez lo hacemos buscando la despedida.
Qué pena abandonarnos al abismo
cuando ya me has cedido un mapa de tu alma.
Que ya sé lo que hay detrás
y como llegar sin prisa y con calma.
Permanezco agazapada
tras este colchón que nos sirve de muro,
a ti para contenerte
y a mi para marcharme
sin decir adiós.
Al final, qué más da lo que nos pida el corazón,
si yo sólo estoy perdida
y tú sólo haces caso a la razón.
Dame un tiempo.
Concédeme unos cuantos días.
Estoy detrás de otro horizonte
persiguiendo la sombra de mi cuerpo
en lo que ha sido nuestra despedida.
El único que viene es el viento.
Me están diciendo las flores que se apiadan de mí,
que no van a florecer si no vuelves.
Y si lo haces, me darán tregua
para que pueda disfrutarlas cuando llegue primavera.
Y te marchas.
Me está calmando el viento,
diciendo que podrías haber venido antes, más tarde, después.
Que sabe la magia que guardas y todo lo que encierras.
Que me entiende y me guarda las ganas
y el ansia de que vuelvas.
Y no miras atás.
Te están reclamando las olas, te llaman cantando,
quieren que devuelvas la magia que han depositado en tus ojos al mar.
Que te la has llevado toda. Que no les queda más.
Y tú te alejas cada vez más.
Miro al cielo y está despejado.
Hasta las nubes han querido seguirte,
hasta las nubes te están llorando.
No vuelves con ellas, ni vuelven ellas llorando.
¿Dónde estás y a quién le cantas?
¿Quién te acaricia y sabe lo que guardas...?
¿Quién te susurra las ganas de estar contigo?
Pasa el tiempo, el mañana y lo que vendría
y tú, con toda tu desfachatez y osadía
decides por fin volver.
Vuelven las flores y calmas tú al viento pero no devuelves la magia
a un mar que se abandona al oleaje.
La encierras en lo más profundo de ti,
para que nadie más te la venga a pedir.
Por fin me arrebatas algo más que tiempo: el miedo a avanzar.
Sólo entonces logro dejarte atrás.
Me marcho ahora yo y tú te quedas.
Te abandonas a la espera,
al tiempo que pala y nos hiela.
Pero conmigo no vienen las nubes,
no deja de florecer la primavera y, por si lo dudabas,
tampoco me han cedido su magia las olas del mar.
El único que viene es el viento,
porque da igual donde me halle,
él me viene a susurrar:
que es lo que has hecho,
lo que de ti ha sido
y con quien estás.
Ahora ya no me calma y lo único que quiero
es volver atrás.
que no van a florecer si no vuelves.
Y si lo haces, me darán tregua
para que pueda disfrutarlas cuando llegue primavera.
Y te marchas.
Me está calmando el viento,
diciendo que podrías haber venido antes, más tarde, después.
Que sabe la magia que guardas y todo lo que encierras.
Que me entiende y me guarda las ganas
y el ansia de que vuelvas.
Y no miras atás.
Te están reclamando las olas, te llaman cantando,
quieren que devuelvas la magia que han depositado en tus ojos al mar.
Que te la has llevado toda. Que no les queda más.
Y tú te alejas cada vez más.
Miro al cielo y está despejado.
Hasta las nubes han querido seguirte,
hasta las nubes te están llorando.
No vuelves con ellas, ni vuelven ellas llorando.
¿Dónde estás y a quién le cantas?
¿Quién te acaricia y sabe lo que guardas...?
¿Quién te susurra las ganas de estar contigo?
Pasa el tiempo, el mañana y lo que vendría
y tú, con toda tu desfachatez y osadía
decides por fin volver.
Vuelven las flores y calmas tú al viento pero no devuelves la magia
a un mar que se abandona al oleaje.
La encierras en lo más profundo de ti,
para que nadie más te la venga a pedir.
Por fin me arrebatas algo más que tiempo: el miedo a avanzar.
Sólo entonces logro dejarte atrás.
Me marcho ahora yo y tú te quedas.
Te abandonas a la espera,
al tiempo que pala y nos hiela.
Pero conmigo no vienen las nubes,
no deja de florecer la primavera y, por si lo dudabas,
tampoco me han cedido su magia las olas del mar.
El único que viene es el viento,
porque da igual donde me halle,
él me viene a susurrar:
que es lo que has hecho,
lo que de ti ha sido
y con quien estás.
Ahora ya no me calma y lo único que quiero
es volver atrás.
Doce rosas moribundas.
Doce rosas moribundas sueltan
leves suspiros de despedida
tras dos semanas de luto.
Y unos hombros desnudos
descansan sin el abrigo
de unos labios que solían hacerlos ceder.
Están los párpados caídos
por llorar siendo mayor.
Arrugas en las comisuras de una boca
que se tuerce mientras escucha palabras que no pueden ser.
Intenta cerrar heridas para originar cicatrices,
cada vez más grandes,
que se abren cuando confunde tu olor.
Un silencio sepulcral confirma
la muerte de un amor desbocado.
La ausencia de la esperanza,
la resolución de haberlo perdido todo.
Y la pena diferencia silencios
que hieren, que hielan y que cortan.
Yo no sé si estoy herida, helada o rota,
pero tu ausencia se nota
y me consume la pena.
Ausenta, callada,
como el capullo que quiso ser flor
y perdió la batalla.
leves suspiros de despedida
tras dos semanas de luto.
Y unos hombros desnudos
descansan sin el abrigo
de unos labios que solían hacerlos ceder.
Están los párpados caídos
por llorar siendo mayor.
Arrugas en las comisuras de una boca
que se tuerce mientras escucha palabras que no pueden ser.
Intenta cerrar heridas para originar cicatrices,
cada vez más grandes,
que se abren cuando confunde tu olor.
Un silencio sepulcral confirma
la muerte de un amor desbocado.
La ausencia de la esperanza,
la resolución de haberlo perdido todo.
Y la pena diferencia silencios
que hieren, que hielan y que cortan.
Yo no sé si estoy herida, helada o rota,
pero tu ausencia se nota
y me consume la pena.
Ausenta, callada,
como el capullo que quiso ser flor
y perdió la batalla.
miércoles, 20 de enero de 2016
El aire se llena de ti.
Ya no sé sacar mis palabras a relucir,
no sé adornar mis sentimientos con metáforas de amor en calma.
Y es que quiero que me entiendan
al rimar amor con el color
de unos ojos que no tiemblen, que me llenen.
No sé decir lo que quieren oír
y no sé hablar en los puntos álgidos de una conversación intensa.
Ya no sé hacer sentir que estoy, que soy.
Dudo si soy cobarde o valiente,
porque es muy fácil hablar de alzar el vuelo cuando no eres tú el mirlo encerrado en una jaula,
muy bonito el canto de un cisne cuando no sabes que es la muerte la que aguarda.
¿Qué más da?
Ya no sé decirlo, pero quiero decirlo.
Sólo soy silencio,
el aire se llena de ti
y yo estoy muda de pena.
no sé adornar mis sentimientos con metáforas de amor en calma.
Y es que quiero que me entiendan
al rimar amor con el color
de unos ojos que no tiemblen, que me llenen.
No sé decir lo que quieren oír
y no sé hablar en los puntos álgidos de una conversación intensa.
Ya no sé hacer sentir que estoy, que soy.
Dudo si soy cobarde o valiente,
porque es muy fácil hablar de alzar el vuelo cuando no eres tú el mirlo encerrado en una jaula,
muy bonito el canto de un cisne cuando no sabes que es la muerte la que aguarda.
¿Qué más da?
Ya no sé decirlo, pero quiero decirlo.
Sólo soy silencio,
el aire se llena de ti
y yo estoy muda de pena.
Al final, no todo eras tú.
Me prohíbo hablar de ti por las calles vacías de gente y de sueños. Me niego a contar as ansias de volverte a ver. Los hago callar y cierro los ojos, no importa que me tiemblen los párpados o que no me llames susurrando.
Te juro que me esfuerzo por ver magia en cualquier cielo gris, en darme la oportunidad de descubrirme en un nuevo amanecer... pero siempre dejo que todo siga como ayer. Acepto cualquier prejuício y autoinvito a los intrusos a convivir en mi mundo interno, dando paso al dolor.
Quizá ya no te busque a ti y busque el reflejo del sol en tu espalda. Quizá sólo temiese tu marcha, la ausencia de cualquier flor venidera.
¿Escuchas el mar en calma?
Se acerca primavera y no se prende la llama.
No me llenas el alma.
Pese a todo, no todo eras tú.
Te juro que me esfuerzo por ver magia en cualquier cielo gris, en darme la oportunidad de descubrirme en un nuevo amanecer... pero siempre dejo que todo siga como ayer. Acepto cualquier prejuício y autoinvito a los intrusos a convivir en mi mundo interno, dando paso al dolor.
Quizá ya no te busque a ti y busque el reflejo del sol en tu espalda. Quizá sólo temiese tu marcha, la ausencia de cualquier flor venidera.
¿Escuchas el mar en calma?
Se acerca primavera y no se prende la llama.
No me llenas el alma.
Pese a todo, no todo eras tú.
Soy todo lo que no puedes ver.
Soy la magia de una noche de verano,
la lluvia que esperamos tras un verano de sequía,
el florecer de los cerezos que ves cada mañana.
Soy la sonrisa tímida que abre paso a una nueva amistad,
el guiño travieso de una noche en cualquier bar,
la mirada intensa que aguarda.
Soy el azul del cielo,
el viento que grita, que canta, que mece,
la angusta de tu pecho
antes de llorar.
Soy la libertad de un barco,
la paz del mundo
y todo lo que vendrá.
Soy lo mejor que puedo ser y
aún así,
no lo puedes entender.
Soy todo lo que ves
y todo aquello que no puedes ver.
la lluvia que esperamos tras un verano de sequía,
el florecer de los cerezos que ves cada mañana.
Soy la sonrisa tímida que abre paso a una nueva amistad,
el guiño travieso de una noche en cualquier bar,
la mirada intensa que aguarda.
Soy el azul del cielo,
el viento que grita, que canta, que mece,
la angusta de tu pecho
antes de llorar.
Soy la libertad de un barco,
la paz del mundo
y todo lo que vendrá.
Soy lo mejor que puedo ser y
aún así,
no lo puedes entender.
Soy todo lo que ves
y todo aquello que no puedes ver.
Qué pena que no nos enseñen a sentir. Qué pena... O no.
No saben querer.
No saben hacerte sentir como un avión de papel.
No nos enseñan a sentir.
No nos enseñan a transmitir ternura con sólo una mirada.
No nos enseñan a llorar de alegría cuando nos abandona la pena.
No nos enseñan a disfrutar la magia del Sol que, después de ocultarse, se eleva.
No nos enseñan a escribir nuestro amor, nuestro dolor, nuestra ilusión.
Así no me sabes querer.
Así no comprendes lo fugaz de mi sonrisa al verte pasear.
Así no entiendes el suspiro tardío de un alivio que no llega.
Así no puedes comprender el peso de la vida sobre ti, sobre mi, sobre ambos.
No entiendes que todo lo que nos pasa, al final, pesa.
Y tú, que no me pasas,
pero igualmente me pesas.
No saben hacerte sentir como un avión de papel.
No nos enseñan a sentir.
No nos enseñan a transmitir ternura con sólo una mirada.
No nos enseñan a llorar de alegría cuando nos abandona la pena.
No nos enseñan a disfrutar la magia del Sol que, después de ocultarse, se eleva.
No nos enseñan a escribir nuestro amor, nuestro dolor, nuestra ilusión.
Así no me sabes querer.
Así no comprendes lo fugaz de mi sonrisa al verte pasear.
Así no entiendes el suspiro tardío de un alivio que no llega.
Así no puedes comprender el peso de la vida sobre ti, sobre mi, sobre ambos.
No entiendes que todo lo que nos pasa, al final, pesa.
Y tú, que no me pasas,
pero igualmente me pesas.
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