domingo, 31 de enero de 2016

Doce rosas moribundas.

Doce rosas moribundas sueltan
leves suspiros de despedida
 tras dos semanas de luto.

Y unos hombros desnudos
descansan sin el abrigo
de unos labios que solían hacerlos ceder.
Están los párpados caídos
por llorar siendo mayor.
Arrugas en las comisuras de una boca
que se tuerce mientras escucha palabras que no pueden ser.
Intenta cerrar heridas para originar cicatrices,
 cada vez más grandes,
que se abren cuando confunde tu olor.

Un silencio sepulcral confirma
la muerte de un amor desbocado.
La ausencia de la esperanza,
la resolución de haberlo perdido todo.
Y la pena diferencia silencios
que hieren, que hielan y que cortan.

Yo no sé si estoy herida, helada o rota,
pero tu ausencia se nota
y me consume la pena.

Ausenta, callada,
como el capullo que quiso ser flor
y perdió la batalla.


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