domingo, 31 de enero de 2016

El único que viene es el viento.

Me están diciendo las flores que se apiadan de mí,
que no van a florecer si no vuelves.
Y si lo haces, me darán tregua
para que pueda disfrutarlas cuando llegue primavera.

Y te marchas.

Me está calmando el viento,
diciendo que podrías haber venido antes, más tarde, después.
Que sabe la magia que guardas y todo lo que encierras.
Que me entiende y me guarda las ganas
y el ansia de que vuelvas.

Y no miras atás.

Te están reclamando las olas, te llaman cantando,
quieren que devuelvas la magia que han depositado en tus ojos al mar.
Que te la has llevado toda. Que no les queda más.

Y tú te alejas cada vez más.

Miro al cielo y está despejado.
Hasta las nubes han querido seguirte,
hasta las nubes te están llorando.
No vuelves con ellas, ni vuelven ellas llorando.

¿Dónde estás y a quién le cantas?
¿Quién te acaricia y sabe lo que guardas...?
¿Quién te susurra las ganas de estar contigo?

Pasa el tiempo, el mañana y lo que vendría
y tú, con toda tu desfachatez y osadía
decides por fin volver.
Vuelven las flores y calmas tú al viento pero no devuelves la magia
a un mar que se abandona al oleaje.
La encierras en lo más profundo de ti,
para que nadie más te la venga a pedir.
Por fin me arrebatas algo más que tiempo: el miedo a avanzar.
Sólo entonces logro dejarte atrás.

Me marcho ahora yo y tú te quedas.
Te abandonas a la espera,
al tiempo que pala y nos hiela.
Pero conmigo no vienen las nubes,
no deja de florecer la primavera y, por si lo dudabas,
tampoco me han cedido su magia las olas del mar.

El único que viene es el viento,
porque da igual donde me halle,
él me viene a susurrar:
que es lo que has hecho,
lo que de ti ha sido
y con quien estás.
Ahora ya no me calma y lo único que quiero
es volver atrás.

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