No estaba en mis planes irme de Erasmus pero Paula lo tenía claro. Encontró Coímbra y yo ni sabía que era una ciudad en la que ya había estado. Leí reseñas de gente que contaba que había terminado el año de su vida o su vida en un año, parece una exageración, ¿verdad? Empecé a pensar que podría ser algo enriquecedor, una experiencia que me sacase de la rutina y me hiciese conocer gente nueva. Escuché varias veces que cómo me iba a Portugal, que era desperdiciar una oportunidad para aprender inglés o para irme más lejos. No sé cómo puede llegar a ser una pérdida escoger vivir un año en la que se ha convertido, para mi,en la ciudad del amor, un amor que ha tomado todas las formas e intensidades posibles, que ha evolucionado y ha seguido creciendo hasta ocupar una gran parte de mi.
Llegué a esta ciudad con ilusión, sin tener ni idea del crecimiento y evolución personal que supondría y sin tener ni idea de la cantidad de personas maravillosas que se quedarían para siempre en mi corazón. 10 meses, y menos, han sido suficientes para comprender el significado real de saudade y querer hacer de este año algo eterno. He vivido perdiendo la noción del tiempo, pocos días eran suficientes para que alguien nuevo se ganase mi corazón. Cada día era único, siempre algo que hacer o alguien a quien ver, muchísimas fiestas y muchísimas tardes compartidas. La rutina se mezclaba con lo asombroso y convertía en habitual lo extraordinario. No sé cómo deciros adiós, decir adiós a nuestro día a día, a las comidas y cenas, a las fiestas y las clases, cualquier cosa era especial. No sé como expresar cuánto quiero a todos los que me habéis acompañado en esta experiencia, la magia y la conexión que he sentido con personas que me escuchaban día a día, que me abrazaban y que me abrían su corazón. Me llevo sueños, metas e ilusiones de personas que viven a km de mi y que por destino o azar han transformado mi vida y cambiado mi forma de ser y ver el mundo. Me llevo momentos y sensaciones que recordaré toda mi vida y, sin duda, me llevo personas con las que me siento en casa porque para mi, todos sois hogar.
Las despedidas son duras, mucho, por mucho que las intentes alejar ahí están, reales. He llorado con cada adiós como si me hubiesen roto el corazón y, aún así, sigo pensando que todo ha merecido la pena. Nadie podrá entender esto si no lo vive. Gracias a todos vosotros/as y gracias a ti, Coímbra.