martes, 30 de agosto de 2016

Sueño, mundo.

Sueño, mundo, que te asomas,
viejo y desdichado,
por el resquicio de luz que dejan entrever estos ladrillos.
Y te preguntas en qué momento
tu desdicha se ha convertido en la burla
de estos críos repelentes.

Me dejo ver yo,
tímida y translúcida,
por el roce de tus yemas.
Erizados ya todos los cabellos de mi cuerpo,
te miro fijamente.

Vuelcas tu pena en mí,
inconmensurable.
Tus manos rozan las cumbres de mi poder,
explorando todos mis recovecos.

Me dejo querer, entre tu pena,
que sensación tan diferente:
conocida en otras palmas
me veo renacer en tus pupilas.

Ahí estás,
sombrío cuando la luz ilumina tu rostro,
surcado por frunces y arrugas,
avanzas hacia la paz que irradio en tu compañía.

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