Entre la magia de dos faros
se balancea tu sombra,
queriendo sobrepasar los océanos
que inundan mi interior.
Mis mejillas te dan la bienvenida,
rebosantes de alegría,
mientras tus pestañas
clausuran el espectáculo de unas pupilas
dilatadas que se ahogan en mi.
Y así, sin ver nada,
me sientes temblar.
Sientes la calidez de unas yemas
que te marcan,
que se clavan,
el ritmo de mi pecho,
subiendo y bajando,
sin pausa.
Sientes mis labios entreabiertos suspirar.
Se baten tus pestañas.
El espectáculo acaba de empezar.
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