domingo, 5 de julio de 2015

retazos

Podía rozar la comisura de su boca y arañar todos los besos que le quedaban por dar, luchar por ellos. Casi parecía como dejarle ganar, como abandonar. Luego volvía, encerrado en mí, a contarme más penas de las que le susurraba a la Luna, gritando por no saber amar. Podía sentirlo llorar en mi pecho, cantando las canciones que se sabía tan bien, que nos sabíamos tan bien. Y lo sentía luchar cuando todo iba mal, cuando yo quería que fuésemos bien. Veía sus ojeras al despertar y arrastrar su mirada por su andar.
Y yo lo quería abrazar, besarle cada lunar, soplar cada una de sus pestañas, por si al final se cumplía uno de nuestros deseos, y perderme en el cielo de sus putos ojos. Que él sabía lo que tenía y lo que se hacía, y buscaba cuando podía encontrar.
Podría haber hecho tratos con el diablo por tenerle pero yo sólo quería seguir y que siguiera, que con tenerlo cerca subsistía. Por lo menos mientras no amanecía.

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