Te he visto de espaldas, de perfil y de frente y he sonreído a todos tus ángulos rectos y a todas tus curvas. Me he mantenido fuerte mirándote a los ojos aún cuando minabas mis impulsos de vivir.
¿Qué sabrán de vida si tengo que coger aire cada vez que sonríes?
He rozado la estupidez en todos los momentos de locura transitoria en los que lograba imaginarnos.
Por favor.
Llega el momento de asumir que la Luna nunca ha estado tan llena ni yo tan vacía.
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