domingo, 5 de marzo de 2017

Paz u oscuridad

Cada cierto tiempo, nos impulsamos nosotros mismos a tirarnos al vacío. Tenemos los dos pies en suelo firme, en nuestra zona de comfort y, de pronto, despegamos un pie para balancearlo sobre le abismo. No hay necesidad de más, la suspensión implica la posibilidad de caer y esta, consigue que nuestro estómago rebote contra todo nuestro interior. Basta hacer regresar nuestro pie con su compañero, hacerlo volver a donde pertenece para volver a sentir paz.

A veces no queremos sentir paz, a veces queremos que el pie que descansa en tierra acompañe al otro al abismo y caer, porque en la caída encontramos una paz que no sabíamos que buscábamos. Nos damos de bruces con la falsa seguridad anterior para abrazar una nueva. La oscuridad descansa en la profundidad pero tampoco estamos hablando de acercarnos a ella, ¿no?

No se puede volver atrás una vez has abierto los ojos.

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